El valor de la sintesis en la publicidad

Nunca como en los tiempos modernos la mente del consumidor ha estado bombardeada con tanta intensidad por los mensajes publicitarios, congestionada por los anuncios que le llegan no solo por los medios tradicionales, como la radio, la televisión y los medios impresos; este bombardeo nos llega a toda hora, en todas partes, en los espectaculares desplegados en las calles, en los transportes urbanos, en las playeras que vestimos, en el cine, en los taxis, en las estaciones del metro, en los aeropuertos, etc.

Este interminable e intenso huracán de mercadotecnia y publicidad nos envuelve y nos arrastra en un constante remolino de marcas, productos y servicios de la más variada naturaleza, sorprendiéndonos en los sitios y a través de los medios más inesperadas como los móviles, el internet, llevando nuestro cerebro a un nivel de saturación tal que en momentos lo incapacita para asimilar y recordar todas las propuestas comerciales en cuestión.

Esto, por otra parte, se debe a la formidable y encarnizada batalla que libran los productos y las marcas entre sí por conquistar la atención de un consumidor cada día más selectivo y que ha aprendido, a fuerza de los golpes propinados por las recurrentes crisis económicas, a administrar mejor sus recursos pero que, al mismo tiempo, se encuentra incapacitado para lidiar adecuadamente con esta lluvia de mensajes, muchos de los cuales quedan, por lo mismo, descartados por la mente.

Dadas estas condiciones, la variedad de productos y servicios y el constante e intenso bombardeo publicitario, quedan pocas cosas que hacer para facilitarle la existencia al consumidor, por un lado, y por otra parte hacer más efectivos nuestros programas mercadotécnicos, optimizando así nuestras campañas.

Debemos admitir que este congestionado y estridente transito publicitario que impera en todos los medios perjudica notablemente a las empresas, a los productos y a las marcas, actuando en contra de las mismas. En medio de este caos van a sobresalir, y a sobrevivir, aquellos que se hagan escuchar claramente, pero también con la mayor sencillez posible. Simplificar el mensaje, eliminar los elementos superfluos, decirle al consumidor más sobre el producto que sobre la marca, sintetizando nuestros textos sería, a mi juicio, la forma en que nuestro mensaje publicitario tendría mayor oportunidad de ganar la carrera hacia la mente de nuestro objetivo, abriéndole mejores perspectivas al producto mediante el recurso de dejarlo bien ubicado en su atención y en sus prioridades de consumo. Los excesos conducen al desórden; el exceso en los textos, con frecuencia poco claros y desordenados, el exceso en los efectos especiales, en los sonidos estridentes y densos, hunden la mente del consumidor en la confusión y al mensaje en el olvido; tomemos en cuenta que la efectividad de una campaña dependerá siempre no de la cantidad de audiencia a la que llega, sino del número de personas que la pueden recordar.


Simplificar el mensaje, hacerlo más comprensible y menos artificioso, más ameno y atractivo, beneficiará al producto, a la marca y a nuestro objetivo más importante, el consumidor. Deberemos hacer énfasis en las características esenciales, no generales del producto; el mensaje deberá ser capaz de despertar en el consumidor la curiosidad y el interés por descubrir los elementos restantes de dicho producto, alentándolo a poner en práctica su habilidad de jugar con las opciones que le ofrece el mercado. De esta manera nuestro anuncio será más efectivo, ocupará un espacio en la mente de mayor número de personas, y habrá cumplido con la misión para la que fue creado, impulsar al producto hacia un mejor posicionamiento en el mercado.

En esto consiste el valor de la síntesis, que los modernos publicistas tendrán que aprender a manejar y a ejercitar en beneficio de las empresas, de los productos y las marcas, del consumidor, pero sobre todo en beneficio de las propias agencias de publicidad.

Y todos estaremos contentos. (Fuente: Por Makram Bandak)

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