Internet: un pacto de Google y Verizon crea otra superred

El acuerdo cerrado por el máximo motor de búsquedas y el gigante estadounidense de telecomunicaciones lleva a una propuesta sobre cómo regular el tráfico en la Red. Pero un factor, la doble velocidad, puede perjudicar a terceros en escala global.

En lo ostensible, el pacto implica igual trato para determinados servicios especiales en una Red neutra. Por el contrario, la Web continuará siendo un medio “plenamente abierto”, señala el anuncio. Esta dicotomía entraña el riesgo de desfinanciar la “red vieja” en aras de la nueva y, por ende, convertir la primera en residual.

No obstante, los cosignatarios Eric Schmidt (Google) y Lowell McAdam (Verizon Wireless) eludieron en sus declaraciones el tema de la “ilusión democrática y la paridad de acceso como dogma absoluto”.

Para Google, el proceso es una traición a sus principios, pues el grupo californiano formaliza un profundo cambio de postura, históricamente ligada a “cielos abiertos” para todos los participantes y sus tecnologías. No por casualidad, el Wall Street Journal difundió este martes un documento reservado –fechado a fines de 2008- sobre divergencias internas alrededor de un tema muy riesgoso: el aprovechamiento comercial de datos personales que los usuarios suben a la Red.

Tampoco fue por accidente que, en julio último, Google se rindiera a China y Blackberry (Research in Motion) a la censura de Saudiarabia. La sorda batalla en Silicon Valley se libró entre quienes erigen la privacidad en valor ético, o sea absoluto, y una línea de ejecutivos interesados sólo en hacer negocios. Los cofundadores del megabuscador, Lawrence Pages y Siergyéi Brin, sufrieron una derrota hoy en evidencia vía el pacto con Verizon.

Al cabo, el poder tecnológico de ambas empresas se combinará con la creciente, invasiva publicidad rentada por Internet, una clientela que todavía no sabe bien si sus avisos inducen a que el público virtual compre. Salvo en casos tan específicos como Amazon.com.

Muy bien, pero ¿cómo se gestó este peligroso acuerdo? Usufructuando un error típico de la conservadora justicia estadounidense, que le había desconocido a la Comisión Federal de Comunicaciones, CFC (FDA en inglés) facultades para regular la banca larga. Ahora, asoma una estampida global por lo que quede de un negocio cuya codicia puede, claro, espantar a usuarios y clientes potenciales. Por supuesto, todo puede terminar en una ola de litigios y ataques vía redes sociales, políticamente espinosos en vísperas electorales. (Fuente: Mercado)

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